
No te exijas estar en constante ebullición cuando tu alma pide invierno. La semilla bajo la tierra no se apresura; confía en la oscuridad y en su propia capacidad para brotar a su debido tiempo. Cuida tu tipo de Agua, porque es el océano sagrado que sostiene tu vida, la fuente de tu sabiduría y la promesa de que siempre podrás volver a empezar.